En el ímpetu incesante al que obliga la supervivencia, brotan pequeños peces que se escurren en tu faz, acuosos sentimientos que pasan inadvertidos, hasta que la argenta diosa, por un resquicio en el visillo, descubre un pairo atrapado en el escollo de tu sonrisa. Lo hace brillar, y esta pequeña luz es suficiente para remover las tinieblas primitivas que gobiernan mi mente. Se guía mi alma por este faro que la lleva a un éxtasis extracorporal, mientras éste se rinde ante el sueño que exige la fatiga; fatiga de todos los sentido al ser usados a tope en un instante; sueño que nos incorpora en otra fantasía menos tangible, más cotidiana.
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Me ha gustado mucho este texto. Mucho. El anterior...no tanto, ;)
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